1. Busca en el diccionario el significado de las palabras subrayadas que desconozcas, para ello puedes ir directamente a la página del Diccionario de la Real Academia (RAE), que está enlazado en el blog.

Manufacturero: Perteneciente o relativo a la manufactura. Clase manufacturera.

Prolijamente: Con prolijidad.

Zócalo: Cuerpo inferior de un edificio u obra, que sirve para elevar los basamentos a un mismo nivel.

Friso: Faja más o menos ancha que suele pintarse en la parte inferior de las paredes, de diverso color que estas. También puede ser de seda, estera de junco, papel pintado, azulejos, mármol, etc.

Historiada: Recargado de adornos o de colores mal combinados.

2. Ve a tu blog y clasifica las palabras subrayadas en tres apartados: Vocabulario desconocido (antes de buscarlo en el diccionario claro, ), Vocabulario pasivo (el que conoces pero no usas normalmente), Vocabulario activo (el que sueles usar normalmente).

Vocabulario desconocido:prolijamente,friso,historiada.

Vocabulario pasivo: manufactureros,deslíe,zaquán.

Vocabulario activo:error,embalado,zocalo,estampado,calzas,duende,baldosines,

penumbra,canastos,rezaba.

3. Copia el texto y sustituye las palabras subrayadas por sinónimos, siempre que se pueda.

El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus obreros, los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por equivocación dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, empaquetado minuciosamente, el único distinto de los azulejos del lote. Los demás, los que ahora lo acompañan en el rodapié, son azules corno él, con dibujos geométricos imprimidos cuya tonalidad se disuelve hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con ropas antiguas, gorro de elfo y un bastón en la mano derecha. Cuando el obrero que ornamentaba el zaguán porteño topó con él, lo dejó aparte, porque su presencia indiscreta interrumpía el zócalo; mas luego le hizo falta un azulejo para completar y lo colocó en un extremo, junto a la recargada cancela que separa portal y patio, pensando que nadie lo descubriría. Y el tiempo transcurrió sin que ninguno notara que entre las losetas había uno, disimulado por la oscuridad de la galería, tan diverso. Entraban los lecheros, los pescadores, los vendedores de escobas y plumeros hechos por los indios pampas; depositaban en el suelo sus hondos canastos, y no se percataban del menudo extranjero del zócalo. Otras veces eran las señoronas de visita las que atravesaban el zaguán y tampoco lo veían, ni lo veían las chinas que pelaban la pava a la puerta aprovechando la hora en que el ama oraba el rosario en la Iglesia de San Miguel. Hasta que un día la casa se vendió y entre sus nuevos habitantes hubo un niño, quien lo halló de inmediato.